¡Feliz lunes a tod@s! ¿Os gustó la sorpresa que os dimos las nuevas blogueras? Estoy deseandot trabajar con Paules Egra, y puede que podamos escribir algún artículo a medias de vez en cuando (aunque no estoy segura de qué pastiche saldrá de ahí, pues él es así muy seriote y riguroso y a mí me da todo igual, no me importa ponerme a contar chistes si con eso aprendéis algo nuevo). Hoy voy a

 

ursurparle el artículo al señor Egra y a escribir una nueva entrega sobre su ciclo de lunas y asteroides.

Cruithne, la patata sideral

3753 Cruithne

¿Alguna vez has oído hablar de Cruithne? ¿La has visto en la noche sideral, brillando casi tanto como la luna y moviéndose rauda por el cielo como una fugaz descarga electromagnética? No, claro que no. Nunca la has visto porque Cruithne tiene apenas el tamaño del Mont Blanc y su aproximación máxima a la Tierra solo es de 12 millones de km. Es, a grandes rasgos, no más que un asteroide más cercano al sol que el resto de sus hermanitos. Sin embargo es muy curioso recalcar las características de la órbita de Cruithne y por qué se la llama…

 

La Segunda Luna de la Tierra

La órbita de Cruithne:

Rara, ¿verdad? Es casi la de la Tierra, y os estaréis preguntando cómo es que no choquen entre ellas con tanta vuelta y con tanta intersección, ¿no? Bueno, eso es un error muy común, una creencia con la que hay que acabar. Es como lo del campo de asteroides y el Halcón Milenario viéndoselas para no chocarse con ninguna patata espacial: es un mito, los asteroides del cinturón distan entre sí de media un millón de kilómetros, y apenas tendrías que esquivar un par si te metieras de lleno. Lo mismo pasa con Cruithne.

Que sus órbitas se medio crucen no significa que vayan a chocar necesariamente. De hecho pasa igual con las órbitas de Neptuno y de Plutón y todavía no ha pasado nada. El sistema Solar lleva funcionando miles de millones de años de esta manera, y aunque aún nos puede sorprender con alguna que otra pirueta espacial, pensamos en el como en un sistema medio estable.

El espacio es gigantesco, amig@s, increíblemente gigantesco. Las matemáticas que hay implicadas en el cálculo de órbitas nos permiten predecir con siglos de antelación lo que va a suceder, y entre la Tierra y Cruithne (podéis dormir tranquil@s) no pasará nada. Eso sí, habría que ir preparándose para la llegada de Apophis… Ah, que ¿qué es Apophis? Lo averiguaréis el Lunes de Ciencia que viene.

Otras entregas

Ah, sí eso.
Que podéis leer el resto de entregas de este ciclo en estos enlaces: partes I, II, III, IV y V.
¡Feliz lunes y a disfutar de la vida!


Autora del artículo: Elly Strum
Matemática Zumbada.
Soy el unicornio de Blade Runner.
Viva la ciencia y las croquetas con jamón.