Aunque parezcan de actualidad, estas palabras se dijeron en el siglo XVIII:

La igualdad entre hombres y mujeres serviría para crear una mejor ciencia.

Lo dijo Émilie du Châtelet en una época en la que las mujeres no podían tan siquiera formarse. Émilie se rebelaba contra los pensamientos dogmáticos de la época, y las estúpidas corrientes de pensamiento que establecían que las mujeres eran menos inteligentes que los hombres y, por tanto, menos aptas para el ejercicio de labores sociales, políticas o científicas. Émilie fue quien estableció que la energía cinética es igual a ½mv², algo que todos hemos estudiado en el colegio.

Infancia cultivada

Su padre era el barón de Breteuil. Era amigo de filósofos y en su salón de París recibía frecuentemente a científicos y matemáticos que vieron un futuro prodigio en la joven Émilie. El barón era liberal en la educación de sus hijos y sobre todo con Émilie, de modo que dio la misma formación que a sus hermanos. Aunque Émilie no pudo asistir a los colegios para hombres ni a la Universidad, tuvo una exquisita formación con los mejores preceptores y pedagogos de la época. A los diez años ya había estudiado matemáticas y metafísica, y a los doce hablaba inglés, italiano y alemán, y traducía textos del latín y el griego.​ También recibió clases de equitación, esgrima y gimnasia, lo cual era algo impensable en las mujeres de su época. Además, era aficionada a la música y tocaba el clave. Sin embargo, su disciplina favorita eran las matemáticas.

Émilie du Châtelet y su obra

Llevar el conocimiento a todo el mundo

Con una cultura científica y filosófica que desafiaba los injustos cánones de la época, Émilie du Châtelet comenzó la ardua tarea de traducir una obra clave en el desarrollo científico y tecnológico de la humanidad en los siglos que vendrían: tradujo al francés Philosophiæ naturalis principia mathematica escritos por Isaac Newton.

Según la investigadora e historiadora de la ciencia Gisela Mateos: Los Principia al estar escritos en latín son muy difíciles de entender; al traducirlos al francés, su número de lectores creció enormemente. Con lo cual las teorías de Newton se propagaron, dándole un gran poder después de muerto. 

Aportar su grano de arena

Pero Émilie no se conformó con traducir al titán, sino que se convirtió en parte del legado. Châtelet incluyó sus propios comentarios, extrapoló las ideas de Newton y agregó la noción de la conservación de la energía en su manuscrito. Émilie añadió sus propios estudios sobre la energía y estableció el archiconocido Principio de Conservación de la Energía que todos conocemos.

¡Quiero más mujeres científicas!

Bueno, ya sabéis que cada sábado Dana y yo nos turnamos para escribir sobre mujeres en el mundo de la ciencia, la ingeniería y la técnica. Aquí os dejo una pequeña lista de entradas antiguas:

También, por supuesto, puedes pasarte por la página de mujeres con ciencia: una verdadera joya de la divulgación.

 

 


Autor del artículo: Paules Egra
Primyr de Ciencia de Liberys
Planetólogo y en mi (exo)mundo.