¡Hola, amig@s! Soy Elly Strum y voy a ponerle nota al rigor científico de la película (y haciendo referencias a la novela) Marte (o el Marciano, como se denomina el libro). Tengo que decir que me gustó mucho y que es casi tan real que parece un documental, pero hay cosas que por supuesto hay que ceder a la cinematografía. En mis veredictos voy a ser un poco estricta, o le doy un MUY BIEN o le doy un CACA.

 

El argumento

Mark Watney es un astronauta con muy mala (MUY MALA) suerte. Durante una evacuación de una base científica en Marte por causa de una tormenta de arena, se queda atrás y es empalado por una antena de comunicaciones. Digo que tiene muy mala suerte por algo que explicaré en el apartado siguiente. Watney sobrevive, pero está solo en el planeta y necesita sobrevivir el tiempo suficiente para que vuelvan a rescatarle. Por suerte nuestro protagonista es un científico que usa su cerebro en vez de un héroe que usa sus pelotas, y por una vez me creo una película sobre supervivencia en el espacio.

 

La atmósfera de Marte

La película empieza con mala ciencia, eso sí. Es cierto que las tormentas de Marte pueden ocupar todo el globo y durar hasta meses, arrasando la superficie con vientos de hasta 180 kilómetros por hora. Sin embargo tenemos que tener en cuenta que la atmósfera de Marte es mucho más densa que la de la Tierra, y apenas sentirías una brisilla. No verías una mierda, y encontrarías todos tus paneles solares cubiertos de arena tras la tormenta, pero sobrevivirías y hasta te podrías dar unos cuentos paseítos. Por otro lado está el tema de los atardeceres. No cabe duda que un atardecer rojizo dorado es algo precioso y harto cinematográfico, algo que nos llena de esperanza y de pasión. Sin embargo los atardeceres-anocheceres en Marte son azules. Muy bonitos también, pero azules. De esta manera, tengo que darle a este apartado un veredicto de: CACA.

 

Naves y rovers

Una belleza sin reactores para su motor iónico

Los rovers son, aparte de chulísimos, una versión muy real de lo que sería un vehículo de esas características (no como los de otras películas como Armageddon, ugh): su velocidad punta es muy limitada, y tienen que cargarse muy a menudo debido al rendimiento de sus baterías. Sobre la nave Ares hay que decir que carece de protección antirradiaciones (y volveré sobre esto dentro de un rato), pero sí es una nave relativamente plausible. No puede sencillamente detenerse y dar la vuelta a por Watney, no es el Halcón Milenario. Consta de cubiertas de rotación para la gravedad artificial y de numerosos aparatos de ejercicios para mantener la masa muscular y los huesos en buen estado durante su estancia en el espacio. Los motores de la Ares son iónicos, un sistema de propulsión que ya existe y se usó en la sonda Rosetta. Sin embargo en la Ares no se ve ningún tipo de reactor o pila nuclear capaz de alimentar tal motor (los paneles solares no son suficientes), pero podemos suponer que en el futuro se ha encontrado una tecnología lo suficientemente ergonómica como para que la Ares sea una nave tan bonita y elegante. Además, las maniobras relatadas tanto en la novela como en la película son muy factibles. El cálculo de la misma, realizada por Rich Purnell (interpretado por un magnífico Donald Glover, que creo que es casi lo mejor de la película), está muy bien representado: el pobre astrofísico trabajando hasta altas horas de la noche e ingiriendo café en cantidades industriales. La secuencia en la que se explica la maniobra propuesta para sacar a Mark del embrollo es simplemente brillante. ¡MUY BIEN!

 

El whatsapp marciano

Por otro lado, la sonda Pathfinder que Mark desentierra, recoge y más tarde usa para comunicarse con la Tierra es una sonda real que llegó a Marte en 1997 (no en vano, los ingenieros que salen en la película son los ingenieros de verdad que trabajaron en la sonda original). Por otro lado, el sistema inicial de comunicación, basado en el sistema HEX, y el progreso en el modo de comunicarse, luchando contra códigos de programación obsoletos así como el tiempo que tarda en llegar la comunicación desde Marte hasta la Tierra son un plus a la hora de añadirle rigor y credibilidad a la aventura. El veredicto científico es por tanto: ¡MUY BIEN!

 

Patatas traigo

Usó caca

Mark necesita comer. Si no se muere. Hasta ahí llegamos. Lo que hace entonces es montarse un invernadero dentro del habitáculo principal de la base. Coge suelo marciano y lo mezcla con caca. Sí, caca. Excrementos humanos sellados al vacío (¡Claro! ¿Qué esperábais que sucediera con la caca en Marte? La envasas al vacío, la metes en una cajita y la devuelves a la Tierra en la próxima nave). Al fertilizar el suelo de Marte y conseguir humidificar y regar el hábitat obteniendo agua a partir de hidracina, Mark consigue su primera cosecha de patatas marcianas. Dos pequeños problemas tengo con esto, aunque puedo salvarlos: uno de ellos es usar excrementos humanos para fertilizar, no es algo recomendable y puede transmitir enfermedades y bacterias indeseables en un cultivo para consumo humano, pero visto que o come patatas o se muere… parece que no le quedó otra opción. El segundo problema es el sol. Marte recibe menos del 50% de luz solar que la Tierra, y todos sabemos que las plantas necesitan luz para hacer la fotosíntesis. Mark tendría que haber iluminado su pequeño invernadero con placas reflectoras o con focos desde fuera, pero aun así se entiende que por motivos cinematográficos aquello quedase en un segundo plano. El montaje y la explicación, la lógica de los eventos explicados en esa parte de la película conceden a este párrafo un veredicto de: ¡MUY BIEN!

 

Con los pies en la tierra

Vale, esto cuesta mucho, es cierto. Pero la gravedad en Marte es de un tercio la de la Tierra, y esto en la película se ve a veces, pero a veces no. Con 3,7 m/s2 de aceleración gravitatoria en superficie puedes pegar un salto de cuatro metros o lanzar una patata a más de cien. Eso en la película no se ve nada más que cuando una de las secciones del hab se despresuriza y sale volando (mucho), metiendo a Mark en mas líos de los que ya está. Asimismo, en la escena final en que Mark tiene que desmontar una nave para poder huir del planeta, las piezas caen claramente con una aceleración de 9.8. Tampoco habría sido tan difícil recrear esto con efectos digitales, pero entiendo que quizás el presupuesto se les iría de madre. Eso no va a salvar de ponerle un veredicto de CACA.

 

Están todos muertos

Mark, hijo, las radiaciones…

Marte no tiene campo magnético que proteja su superficie de radiaciones letales, como ocurre en la Tierra. De modo que vivir aunque sea un par de días en Marte sin protección contra radiaciones va a costarte un buen cáncer, amigo. Capas intersticiales de agua, paredes forradas de plomo o de hormigón armado… todo eso parece hasta insuficiente, pero algo así quizás fuera necesario que se mostrase en la película. Creo que, además de rigor científico, le añadiría un carácter diferente y distintivo al film.

De esto os hablaba en el segundo apartado, referido a la Ares. Las radiaciones son una constante en el espacio. Estando en la Tierra estamos protegidos por la magnetosfera, pero en route peligramos a no ser que nuestra nave esté acondicionada para ello. Por eso los grandes ventanales de las cubiertas rotatorias del Ares son letales para los ocupantes. Una nave bien preparada para el vuelo espacial no tendría ventanas, o las tendría muy pequeñitas, reforzadas y en una habitación que solo pudieras visitar por un tiempo limitado. Lo siento mucho, pero esto se merece un veredicto de: CACA.

 

La adversidad

Normalmente en el cine de ciencia ficción, la adversidad está representada por un monstruo, por la incompetencia de la tripulación o por una inteligencia artificial que decide matarlos a todos. En la película nada de eso sucede. De hecho todo sale bastante bien, y no es gracias a la casualidad, sino a usar el coco y no cagarla. Pero no quiero hablar solo de eso, quiero hablar de las adversidades a las que se enfrenta Watney. Por ejemplo: Tiene que ir desde la base hacia el cráter Schiaparelli, y no sucede como en otras películas, en las que el héroe sube a su vehículo y en un par de escenas ya está en su destino. No, Mark Watney tiene que planificar el viaje, tiene que hacer números de velocidad y distancia, tiene que tener en cuenta la autonomía del rover y hasta tiene que modificarlo para ganar en potencia y en capacidad de carga. En su viaje tiene que detenerse cada cierto tiempo para cargar las baterías, y lo mejor de todo es que esto no afecta a la cinematografía de la película: el montaje es brillante y nos da una idea de lo aparatosa e incómoda que es la vida en Marte. Por cosas como esta y muchas más, le doy a este aparatado un veredicto de ¡MUY BIEN!

 

Ni de palo

Resulta triste que la parte más inverosímil tanto de la novela como de la película es que la NASA cuente de repente con un presupuesto tan holgado como para ir a marte varias veces. Esto sugiere una vez más el descubrimiento de una fuente de energía que abarata de forma drástica los costes de subir carga al espacio y llevarlo a Marte. Asimismo también resulta muy increíble (aunque esperanzador) ver un país unido por una causa común y estableciendo puentes y relaciones con China para dar un paso juntos hacia las estrellas. La cinta nos deja con una nota de esperanza, nos muestra que el altruismo y la solidaridad están más cerca que el Cinturón de Asteroides, y que la exploración espacial puede, debe y será la prioridad de los gobiernos del futuro (Sigh…). CACA. 

 

Conclusión

The Martian es una película/novela entretenida, redonda y muy completa. Yo disfruté muchísimo con su visionado/lectura, y aunque es verdad que a veces sobresatura un poco con los detalles técnicos, no cabe duda que es una película/novela diferente y fresca. En un mundo de adaptaciones sin fin y películas de superhéroes y robots gigantes dándose la del pulpo, The Martian fue un respiro de aire fresco, una aventura divertida y toda una oda a la ciencia y al sentido común. Para mí fue un 8/10.

 

Más entregas

La semana que viene Paules cubrirá seguramente la magnífica película Interstellar, y el lunes pasado revisionó de forma brillante AVATAR, de James Cameron. Yo creo que para cuando me toque el siguiente, que será el día 18 de diciembre, haré una reseña especial. ¿Sabéis por qué? ¡Porque el 18 de diciembre es el cumpleaños de nuestro autor, aquel que nos dio vida y nos puede borrar del mapa con tan solo agitar su pluma! Sí, soy macabra. El caso es que haré una entrega especial, puede que revisione la ciencia de alguna película absurda como Armageddon, Pacific Rim, The Fast and the Furious o Alvin y las Ardillas. Quién sabe. ¡Hasta más ver!

 


Autora del artículo: Elly Strum
Matemática Zumbada.
Soy el unicornio de Blade Runner.
Viva la ciencia y las croquetas con jamón.