Hay una generación que crecimos sabiendo que había nueve planetas en el sistema solar. Mercurio, Venus, la Tierra, Marte, Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno y Plutón. Más tarde aprendimos que no, que Plutón no era un planeta, sino que era un planeta enano (transneptuniano), y que al incluirlo en esta nueva categoría, nuevos cuerpos entraban en juego: Ceres, el gran olvidado del Cinturón de Asteroides, y más planetitas transneptunianos: Eris, Haumea y Makemake. También tenemos que remarcar que hay otros cuerpos, mundos anormales, orbitando muy cerca de nosotros, como por ejemplo, los asteroides Almería y Eros. No voy a entrar en discusión sobre qué es o qué no es un planeta, pues es algo, considero, bastante subjetivo. He de remarcar, no obstante que Eros no es un planeta, es un asteroide en toda regla.

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Tintín en la Luna

El tema de hoy

No sé de dónde viene mi afición por trozos de roca y hielo flotando en el silencioso espacio durante eones, sin vida, sin atmósfera, apenas sin interés. Lo lógico sería que me fascinasen los planetas telúricos como la propia Tierra, Marte o el infernal Venus. Pero no, sin duda son mundos hermosos, pero me quedo hipnotizado ante la visión grotesca y muerta de un asteroide.
Quizás esa extraña fascinación viene por una viñeta de un cómic de Tintín. Mi compatriota Hergé escribió dos volúmenes dedicados a un cohete que viajaba a la Luna, y que en su periplo espacial, se encontraba con el asteroide Adonis. Se producía entonces un divertido episodio entre un ebrio capitán Haddock embutido en su traje espacial, el asteroide y el cohete. Adoro ese cómic.
Me fascinan los asteroides y los cometas, de modo que hoy voy a escribir sobre dos de mis favoritos: Eros y el recientemente célebre 67P.

Eros

Eros

No son muchos asteroides, es un montaje fotográfico de la aproximación a Eros por parte de la sonda NEAR

433-Eros es un asteroide con forma alargada de 33 km de largo, y fue el primero del que se tuvo constancia de franquear la órbita terrestre. Gira sobre su eje cada 5 horas aproximadamente. La sonda NEAR Shoemaker fue lanzada desde la Tierra en febrero de 1996, y sería la encargada de estudiarlo desde la distancia. Se reescribió el plan de vuelo en el que el NEAR se aproximaría y sobrevolaría el asteroide 433-Eros y seguiría su camino hasta, tras varios encendidos del propulsor, ajustar una trayectoria de aproximación y entrar en su órbita.

En 2001, la nave descendió a la superficie del asteroide, tocando suelo el 12 de febrero de 2001. La NEAR no estaba concebida como una sonda de aterrizaje, sin embargo los espectrómetros de rayos gamma de la nave dieron unos resultados sobresalientes, teniendo en cuenta que eran diez veces más sensibles a 10 centímetros del suelo que desde la órbita. Dieciséis días después, la nave envió sus últimos datos y se sumió para siempre en el silencio.

67P/Churyumov-Gerasimenko

67P

67P, en todo su esplendor

El cometa 67P fue explorado por la histórica misión Rosetta, de la ESA en 2014. La irregular forma del cuerpo, flotando a tres unidades astronómicas de Júpiter en el momento del encuentro, fue una sorpresa para científicos y técnicos de la NASA. El 14 de noviembre de 2014, la pequeña sonda de aterrizaje Philae se desprendía de Rosetta y caía hacia 67P como lo hacía el capitán Haddock sobre Adonis. A diferencia del alcoholizado marino, Philae aterrizó, y mandó las primeras fotos desde la superficie de un cometa. Desafortunadamente, la pequeña sonda (del tamaño de una lavadora) cayó en una zona de sombra imprevista, impidiendo que se recargasen sus células solares. Philae terminó durmiendo en el cometa para siempre. La misión fue un éxito a pesar de todo, hizo historia y se aprendió muchísimo sobre los cometas.

 

 


Autor del artículo: Paules Egra
Primyr de Ciencia de Liberys
Planetólogo y en mi (exo)mundo.